martes, 26 de abril de 2016

Ay de mi alma





Ayer volví a acordarme de ti,
traicionándome la mente, tu recuerdo reclamó.
Como insistente criatura nerviosa
que no recibe su ansiado dulce,
donde dejó un amargo regustillo
al amparo de mi soberbia dejadez,
ínfima en mi vigente mundo,
navegada a contracorriente y
perdedora, de sonrisa forzada,
a empujones se abrió camino.
Agridulce tarde me diste
que finalmente deje pasar,
a sabiendas que al final queda dañada,
mi alma nunca se llegó a despedir de ti.

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